Cómo crear una cepa de cannabis autofloreciente


Cómo crear una cepa de cannabis autofloreciente

Las variedades de cannabis autoflorecientes tienen algunas ventajas particulares que las hacen muy atractivas para muchos cultivadores. Estas plantas suelen ser compactas y a menudo no superan el metro de altura. Esto las convierte en una opción ideal para cultivadores que quieren ser lo más discretos posible, y para aquellos que simplemente no tienen espacio suficiente para cultivar plantas altas.

Las variedades autoflorecientes son rápidas y florecerán automáticamente en función de su reloj biológico, a diferencia de las cepas fotoperiódicas que necesitan un cambio en el ciclo de luz para iniciar la floración.

Esto crea la posibilidad de recolectar múltiples cosechas por año o temporada.

EL ORIGEN DE LAS CEPAS AUTOFLORECIENTES

Como muchos fumadores, cultivadores y criadores sabrán, hay dos subespecies principales de cannabis: Cannabis sativa y Cannabis indica. Sin embargo, existe otra subespecie conocida como Cannabis ruderalis.

La ruderalis es una subespecie bajita y frondosa que se cree que ha evolucionado en los entornos más fríos y oscuros de Siberia. Los largos días de verano y las frías noches de invierno provocaron una adaptación en la ruderalis que le permite florecer y por lo tanto reproducirse sin necesidad de un determinado tipo de luz. Al fin y al cabo, estas plantas necesitaban encontrar una forma de sobrevivir.

Las variedades de Cannabis ruderalis han sido cruzadas con cepas índicas y sativas para crear híbridos autoflorecientes que incorporan la característica autofloreciente, pero que pueden proporcionar más cantidad y mejor calidad de cogollos que las cepas puras de ruderalis.

CRUZAR VARIEDADES DE CANNABIS AUTOFLORECIENTES

Entonces, es obvio que la genética ruderalis es esencial para la creación de nuevas cepas autoflorecientes. Siempre puedes seleccionar una variedad autofloreciente que exista en el mercado para comenzar a criar, o puedes desarrollar la tuya propia si quieres aprovechar rasgos particulares. Para hacerlo, necesitarás una buena cantidad de semillas para empezar con tus primeras plantas.

Para la cría, es recomendable tener semillas autoflorecientes regulares (no feminizadas). Las semillas feminizadas se venden a los cultivadores para asegurar que solo las plantas femeninas ocupen el espacio de cultivo, eliminando las posibilidades de que aparezca un macho invasor y pueda polinizar a las hembras cercanas. En cambio, con una gran cantidad de semillas regulares es de esperar que se obtenga una proporción equilibrada entre hembras y machos.

A medida que tus semillas crecen hasta convertirse en plantas y llegan al final de la fase vegetativa, tendrás que prestar mucha atención al sexo de cada una de tus plantas. Si tu objetivo principal es simplemente producir una gran cantidad de semillas, puedes dejar que la naturaleza siga su curso y permitir que las plantas se polinicen por sí mismas.

CRÍA SELECTIVA

Si quieres empezar a desarrollar tu propia cepa, entonces se requiere más trabajo y dedicación. Utilizando la cría selectiva, puedes separar las plantas que muestran las características deseadas del resto. Por ejemplo, se pueden seleccionar las plantas que presenten los aromas más potentes, la mayor velocidad de crecimiento o el tamaño ideal.

Las plantas seleccionadas se mantendrán completamente separadas del resto, y la polinización se llevará a cabo en un ambiente controlado, como un armario de cultivo o un cuarto diferente, con mucho cuidado para evitar que el polen externo entre en el espacio de cría.

La planta madre y padre no tienen que ser de la misma cepa, pero si estás planeando continuar la línea que comenzaste, simplemente usa padres hermanos y las semillas producidas deben dar lugar a plantas con las características deseadas que seleccionaste. Normalmente en 3 o 4 generaciones comienzan a aparecer resultados impresionantes. Lleva tiempo, pero vale la pena.

CRUZAR CEPAS AUTOFLORECIENTES CON FOTOPERIÓDICAS

El proceso de desarrollo de cepas autoflorecientes, como se mencionó anteriormente, es relativamente fácil, en teoría. Sin embargo, si quieres cruzar rasgos de una variedad de cannabis no autofloreciente con una variedad autofloreciente, las cosas pueden ser un poco más complicadas. Si ya estás criando selectivamente variedades autoflorecientes, puedes usar tus propias plantas para proporcionar los rasgos autoflorecientes.

El gen autofloreciente es recesivo, lo que significa que ambas cepas parentales deben poseer el gen para que se transmita. Por lo tanto, este proceso no es tan fácil como cruzar una cepa autofloreciente con una cepa fotoperiódica y esperar que salga una cepa con genes autoflorecientes. Además, se sabe que la genética autofloreciente es inestable, lo que hace que la continuidad y la uniformidad sean un problema potencial.

Para iniciar el proceso, compra una variedad autofloreciente o selecciona una del cultivo que has desarrollado. A continuación, deberás seleccionar una variedad fotoperiódica, ya sea una variedad índica, sativa o híbrida. La variedad que elijas dependerá de las cualidades que quieras que conserve tu futura variedad.

En la mayoría de los casos ninguno de los descendientes de estas dos plantas poseen rasgos autoflorecientes. Pero no te preocupes, eso es simplemente parte de este proceso más complejo. La descendencia seguirá siendo portadora del gen autofloreciente y es capaz de transmitirlo a la siguiente generación.

Cuando se cruzan las semillas de las descendientes, aparecerán las plantas autoflorecientes. Solo se habrá transmitido el gen al 50% de la descendencia, así que solo el 25% de la próxima generación será autofloreciente por naturaleza.

RETROCRUCES

La reproducción de las plantas de la tercera generación debería dar lugar a una nueva serie de plantas con genes 100% autoflorecientes. Aunque esto parece ser el final del proceso, y puede ser, es entonces cuando normalmente comienza la diversión y se libera el potencial genético.

Puedes continuar con un protocolo de reproducción similar para sacar a relucir los rasgos de la primera cepa fotoperiódica con la que comenzaste el proceso. Esto se conoce como retrocruzamiento.

Para ello, coge los mejores ejemplares de tu nuevo cultivo autofloreciente y cruza estas plantas con la variedad fotoperiódica original. Luego, repite el proceso anterior hasta que se forme la tercera generación de plantas 100% autoflorecientes, esta vez con más rasgos deseables de la cepa fotoperiódica.